En algunas ocasiones las personas tienden a ser agradecidas cuando les pasan cosas buenas. En otras ocasiones ni siquiera cuando pasan cosas buenas son agradecidas. Pero muy rara vez, hay gente agradecida por las cosas malas que suceden.
Cuando cosas que consideramos malas suceden, tendemos a apelar a la espiritualidad, a ir a misa o a los templos de oración, según sea nuestra religión para pedir para que eso que pensamos malo no suceda o se elimine por arte de magia.
No sé si habrás escuchado que las cosas pasan por algo. Eso puede ser cierto o no. Sin embargo, lo que sí es certero es que las cosas que consideramos malas son la base de la experiencia que acumulamos a través de los años, lo que forma nuestro carácter, lo que nos hace ser resilientes, lo que nos da la coraza de nuestro cuerpo. Si es justo o no, eso no es materia de este artículo.
Cuando logramos agradecer todo lo que nos sucede, tanto bueno como malo, elevamos nuestro ser a un nivel superior de madurez. Pero también, psicológicamente nuestra mente comienza a pensar en positivo y nuestro sistema reticular activo de la mente comienza a detectar cosas positivas a nuestro alrededor.
Si no sabemos que está mal con nuestro cuerpo y mente, debemos comenzar por agradecer lo bueno y lo malo en la vida, para empezar a sanar de adentro hacia afuera. La receta de la gratitud nunca te hará daño, pero siempre te hará bien.
